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29.8.25

El papel crucial de las normas de la IMO

En un mundo interconectado por océanos, el transporte marítimo constituye el pilar del comercio global: más del 80% del volumen del comercio internacional se transporta por mar. En el centro de esta vasta red se encuentra la Organización Marítima Internacional (IMO, por sus siglas en inglés), un organismo especializado de las Naciones Unidas cuya misión es garantizar la seguridad, eficiencia y sostenibilidad del transporte marítimo. Desde su creación en 1948, la IMO ha establecido un marco regulatorio robusto que permite que millones de toneladas de mercancías se transporten con estándares globales claros. En la industria offshore, donde convergen la exploración de hidrocarburos, el transporte especializado y operaciones de alta complejidad, estas normas son una referencia y la columna vertebral operativa.

Las regulaciones de la IMO abarcan desde la seguridad en los buques (como el SOLAS –Convenio internacional para la seguridad de la vida humana en el mar–), hasta la prevención de la contaminación (MARPOL), formación de la gente de mar (STCW), gestión de aguas de lastre y reducción de emisiones. En particular, la entrada en vigor del IMO 2020, que limita el contenido de azufre en el combustible marítimo al 0.5%, marcó un hito en la transformación ambiental de la industria. Esta medida redujo significativamente las emisiones de óxidos de azufre y aceleró la adopción de tecnologías como depuradores y combustibles alternativos (GNL, metanol, biocombustibles), en toda la cadena marítima y offshore.

En el sector de exploración y producción costa afuera, las normas de la IMO son vitales para la interoperabilidad entre unidades flotantes, buques de apoyo y plataformas fijas o semisumergibles. Desde las reglas que rigen el diseño estructural de los FPSO (Floating Production Storage and Offloading units), hasta las que aseguran la capacitación multilingüe y multicultural de las tripulaciones, la regulación armonizada garantiza no solo eficiencia logística, sino también seguridad humana y protección ambiental en entornos de alto riesgo.

Sin embargo, los desafíos persisten. La heterogeneidad en la implementación de las normas IMO por parte de las autoridades portuarias nacionales, la presión sobre los países en desarrollo para actualizar sus flotas, y los costos tecnológicos que enfrentan los armadores para cumplir con nuevas metas de descarbonización, han generado tensiones. A esto se suma la urgencia climática: la IMO ha fijado una ambiciosa meta de cero emisiones netas para 2050. Esto obligará a reimaginar desde las cadenas de suministro hasta los modelos de negocio de los operadores offshore.

Las normas de la IMO no son una burocracia internacional alejada de la realidad del océano.  Se colocan como el andamiaje que permite que el comercio global fluya, que las operaciones offshore sean seguras, y que los mares se mantengan viables para las futuras generaciones. Para empresarios, reguladores y operadores de la industria marítima y petrolera, comprender, aplicar y anticiparse a las directrices de la IMO no es una opción, sino una necesidad estratégica.

En un escenario donde el cumplimiento normativo es también ventaja competitiva, la industria offshore debe asumir un rol proactivo, no solo como actor regulado, sino como socio técnico en la construcción del transporte marítimo del futuro.

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